Con la duda y la seguridad cogidas de la misma mano, parece que el equilibrio sólo se puede conseguir soltándolo todo de golpe. En mi equipaje llevo lastre y motivación, antifaces y lupas y un poco de algo que a día de hoy no he podido saber qué es. Yo sigo con mi puzzle, cada día con menos piezas, cada día un poco más completo, cada día un poco más difícil...
Sigo subiendo escaleras, llevo más peso pero también tengo más fuerzas y con el agotamiento encima intento evitar los descansos... Las horas de desvelo dibujan un cierto sentido que antes no existía y ya sólo me queda averiguar cuál es ese sentido... cuales son los colores que quitan este blanco y negro de mis ojos.
Aprendí que mi mayor miedo era tener miedo y por eso, ésta vez, ultilizo los kilos de cada madrugada como contrapeso en mi barca... cada vez más estable... cada vez más pequeña.