sábado, 3 de septiembre de 2011
DESGARRANDO EL SILENCIO
Y no sé si es la coraza que me protege la misma que me abre las heridas. Descansar entre algodones para vivir con turbulencias es el resumen de una vida que repta entre témpanos de hielo. La presión se confunde con todo aquello que va bien y el más profundo pensamiento nace, vive y muere en el más absoluto de los silencios. Ser testigo presencial de mi persona se convierte en la más dura de las tareas, y en ocasiones, donde la noche da vida a la mañana, son cuando las notas perdidas encuentran su sitio en el compás.
Es en este espacio donde el eco se hace más fuerte que el propio grito... sin emisores ni receptores, gritos tan desgarradores y dolorosos como sutiles y esperanzadores. Es esa voz que ya siento mía antes de escucharla la que me envuelve en todas direcciones. Sigo sin saber cómo aprender y mis oídos aún no saben cuando callar.
Es por eso que la realidad se tiñe de falsa ficción haciendo que poco a poco la marea vaya ahogando aleatoriamente todos los pensamientos. Y es que en el día a día son los llantos más desconsolados los que menos oímos y los gritos más fuertes los que más ignoramos... y esa para mi, es la más grande de las soledades.