Marcando la pauta, los tiempos, el tempo... Tengo la batuta, trato de dirigir la orquesta y digerir las notas menores con la mayor de las precisiones. El atril está en posición y las partituras a punto. Ya sólo queda esperar a que el concierto empiece en la ausencia de instrumentos y que sea la armonía la que de paso a la imaginación más inerte. La imaginación que más grite.