miércoles, 22 de junio de 2011

MENOS PERSONA, MÁS ANIMAL.

Las migajas que quedan después de algo vivido son las que llenan y completan esos huecos que no pueden ocupar las piedras más grandes. Cada día tengo las cosas más claras y las dudas más despiertas. Siempre es lo insulso y lo mínimo lo que cambia el rumbo de las decisiones. Los impulsos pasan siempre por encima de lo meditado, lo visceral siempre grita más alto que lo racional, y así, con esa filosofía de cambios de vientos se intenta seguir en una línea aparentemente recta.

Por eso no aceptaré definir ni que me definan una marcha como una huida, los caminos son tan numerosos que al final tengo que concentrarme en unos pocos cuando en ocasiones siento que me gustaría recorrerlos todos. Al final el mejor consejo es que no me aconsejen, que así la vida vaya regando ese instinto animal que suele ser, en mi caso, el más acertado.